
Cuando Caperucita llegó a casa de su abuelita y se encontró allí al lobo, se sorprendió de sí misma; no tuvo miedo.
Así, sorprendida, le dijo al lobo:
- ¡Lobo!, ¡bienvenido! Ven, dime qué quieres.
El lobo, también sorprendido de ver a una Caperucita tan valiente, cerró su boca, dejando así de mostrar sus colmillos, y agachó las orejas. Ambos salieron de la casa y se sentaron a hablar en un viejo tronco de árbol.
Caperucita le preguntó qué quería de ella, enfrentándose así al lobo. Este la observaba con mirada intensa; no sabía qué contestar a Caperucita. Tal vez tenía que decirle la verdad o tal vez engañarla.
- He venido a mostrarte cómo eres y cómo podrías ser. Puedes tenerme miedo y mostrarte sumisa ante mí, o puedes enfrentarte a mí para que pueda marcharme.
Susana M.B.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario