Querida casa, ha llegado el momento de soltar lazos, sentimientos y emociones que me unen a ti. Fuiste mi hogar durante muchos años. Tu puerta se abrió dando muchas bienvenidas, y se cerró en las despedidas. Entre tus paredes fui muy dichosa; me viste llorar, reír; presenciaste innumerables vivencias que me han hecho ser quien soy ahora. Pero llegó el momento de salir de entre tus muros para seguir adelante con mi vida. Ahora tengo un nuevo hogar en el que soy feliz.
Me despido de ti con todo mi amor, dejándote marchar para que puedas dar cobijo a otros. Gracias por haber sido mi templo, mi castillo, mi palacio, mi dulce hogar durante todos estos años. Gracias, gracias, gracias.
Susana.

