Aquella tarde, sin querer, la encontré. En la oscuridad de mis ojos se hizo la luz. Después de ese primer encuentro, ella se dedicó a iluminar mi vida, yo a iluminar su alma. Ambos nos sumimos en un baile de sonidos, colores, sabores, susurros, risas, gemidos, sosiego... La veo volar cada día más y más alto. Disfruto de su sonrisa; se posa en mí. Puedo verla, sí; inunda mi alma de paz y serenidad.
Susana M.B.
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario